Hace unos días estábamos en una reunión de amigos y entre tanto tema, surgió el tema del matrimonio.
Y ahí se armó la polémica, con los que están a favor del matrimonio por la iglesia, los que están a favor del matrimonio por civil, los a favor y en contra del matrimonio gay y una lista de matrimonios que yo no había oído en mi vida.
Todo empezó porque mi amiga Peyton se está por casar y a cada lado que va lo suelta y escucha opiniones, yo creo que en el fondo porque tiene miedo y no quiere hacerlo.
Pero ella dice que no, que no es miedo sino prudencia y que quiere saber qué opina la gente que está a su alrededor. Dice que yo le miento porque le digo que adelante y que se case.
Dice que digo esto por no herir sus sentimientos y que ella está segura que estoy en contra porque mi matrimonio fue para la m….mona. Pero lo que pasa es que lo mío viene de antes…
Cuando yo era chica siempre decía: cuando sea grande no me voy a casar, cuando sea grande no me voy a casar… y así siempre.
Cada vez que veía a alguien que se estaba casando en una película escuchaba: “los declaro marido y mujer hasta que la muerte los separe”, empezaba a pensar en cuál de los dos se moriría primero, o a quién matarían primero. Y pensaba que la gente que me rodeaba y estaba casada era feliz porque no había muerto ninguno, o se aguantaba para no morirse.
Crecí un poquito y me di cuenta de que las cosas no eran así, pero tampoco lo que veía me convencía y cada vez que podía le preguntaba a algún mayor:
“¿Por qué cuando las personas se casan las mujeres terminan siendo la señora de fulanito y los hombres no terminan siendo el señor de fulanita?”
“¿Por qué siempre las firmas, autorizaciones y permisos están firmados por los hombres?”
“¿Por qué cuando alguien tiene que tratar algún tema pregunta: ¿está el señor de la casa?”
¿Por qué? ¿Acaso la señora no sirve????
Y ahí me contestaban que las niñas no preguntaban esas cosas.
Seguí creciendo y observando la actitud del hombre frente a la mujer y no me gustó. Seguí protestando y seguí en contra y con el tiempo vi que algunas cosas cambiaron, pero no muchas.
Pero como siempre fui una rebelde, seguí en contra y no me quería casar, no por una cuestión de sentimientos sino por una cuestión de burocracia, pero tanta presión por aquí, tanta presión por allá, tanta discusión por aquí, tanta discusión por allá y tener que dar explicaciones por aquí y por allá, me hartó y...me terminé casando.
Por suerte me di cuenta de que lo que se muere no es la gente, sino el amor.
Se tendría que decir: “Yo los declaro marido y mujer hasta que la muerte del amor los separe”
Pero mientras dure hay que disfrutarlo, total después te divorciás... ¿o no?
No hay comentarios:
Publicar un comentario