Hace unos días atrás, un par de amigos y yo fuimos invitados a la presentación de un libro. Estábamos invitados no como escritores, creo que ni siquiera como escribas (no somos tan cultos y tampoco expertos en jeroglíficos) tal vez nos invitaron como escribientes, aunque no nos iban a dictar nada ni tampoco teníamos que copiar nada.
Bah!! La verdad estábamos como relleno, y los escritores invitados tampoco eran la gran cosa.
Porque como hacía poco había terminado la Feria del Libro de Buenos Aires y la Feria del Libro de Madrid, los escritores más importantes habían regresado a sus países de origen, a sus giras o a descansar después de haber estrechado tantas manos y de mocharse los dedos de tanto autógrafo.
En definitiva, que estábamos ahí y aburridos.
Yo cuando era chica e iba a algún lugar y me aburría, empezaba como el “pibe” de Carlitos Balá.
¿Te acordás?: ¿Mamá cuándo nos vamos?????
Ahora como crecí, me comporto, y copa en mano sonrío, asiento con la cabeza, camino de un lugar a otro y murmuro: Me abuuuuurrooooo!! Y pregunto a quien puedo: ¿ya me puedo ir verdad???
Entre tanta sonrisa y presentación (éramos todos tan famosos que no nos acordábamos ni de cómo nos llamábamos, esto como para que te hagas una idea) aparece uno de mis amigos y le dice a otro que estaba con él, refiriéndose a mí:
Así como la ves, esta muchachita es capaz de escribir sobre distintos temas de un tirón, sin tener que pensar qué va plasmando en el papel (yo pensé: eso no quiere decir que lo haga bien, lo hago y gracias) Pero sonreí con cara de bobalicona por el termino muchachita porque la verdad, ya pasé esa etapa, pero me gustó y me sentí chiquita.
Total, que nos pusimos a huevear, cada uno decía un tema y el otro hacía una presentación, viendo quién la hacía más larga y mientras por fin nos divertíamos un poco , muy disimuladamente se acercó una vieja hasta casi donde estábamos, creo que para escuchar. De a ratos nos miraba de soslayo como si mirara unos insectos y eso que estábamos muy elegantes (porque eso de andar todo andrajoso y como anti sistema porque uno escriba un par de cuartillas, no va conmigo ni con mis amigos por suerte).
Pero como yo no puedo con mi genio y esas cosas me enojan, aproveché que hablábamos de los géneros de escritura y le comenté al amigo de mi amigo que yo en realidad era una escritora virgen porque todavía no había penetrado en mí ningún tipo de género y pude ver cómo la vieja se quedaba rígida mientras casi se le caía la copa de la mano.
Entonces me volví hacia ella y le dije: Señora, cómo cree!!! Hablo de la escritura!! Con la edad que tengo!!!
Me miró fijamente, muy indignada y se retiró, creo que ofendida.
Mientras nos reíamos le pregunté a mi amigo quién era y me dijo que era una editora.
¡Y yo que pensé que los editores estaban acostumbrados a escuchar de todo!
Nunca aprenderé a callarme! Pucha che!!
¿No te pasa que muchas veces desearías no haber abierto la boca?
A mí sí!! (y más veces de las que quisiera)
No hay comentarios:
Publicar un comentario